El voluntariado genera una actitud de compromiso en las personas que lo realizan que traspasa algunos límites que pueden influir a nivel personal y emocional en las personas que lo desarrollan. Es necesario estar alerta ante algunas cuestiones y poner límites a la acción voluntaria con el fin de no caer en situaciones de estrés, ansiedad o culpabilidad por no llegar a todo.

La práctica del voluntariado debe ser una actividad que se suma a la vida de las personas y esto debe implicar, desde el compromiso, ser consecuentes con nuestra vida familiar, social y laboral, con el fin de que ninguna de estas esferas se vea afectada. Además de contemplar el aspecto emocional que determinadas tareas puede conllevar.

En primer lugar debemos establece una serie de límites saludables:

  1. Establecer horarios claros: tanto para el desarrollo de la actividad voluntaria como para la posible desconexión mental que nos exija la misma. Fijarnos una hora de inicio y una de fin que abarque desde el momento en el que empezamos a pensar en la tarea, pasando por su ejecución y posterior desconexión.
  2. Expectativa apoyar vs solucionar: tener presente que la actividad de voluntariado se debe basar en el apoyo de las personas beneficiarias y no en solucionar los problemas de estas personas. Toda actividad debe contar con un equipo donde se establecen los límites de intervención de cada una de las personas que participan.
  3. Autocuidado físico y emocional: reconocer y poner el valor cómo nos sentimos en ambos aspectos para saber cuándo es necesario parar, pedir ayuda o descansar.
  4. Comunicación abierta: establecer una relación abierta con otras personas del equipo donde poder expresar cómo se sienten y buscar la empatía de persona que conocen la actividad. En los entornos personales podemos hablar de ello pero al final es mejor buscar la escucha de personas que están o viven lo mismo.
  5. Supervisión y apoyo: contar con personas responsables de la actividad que nos puedan asesorar para gestionar determinadas situaciones complicadas que se puedan dar e incluso que sean capaces de detectar dificultades de manera anticipada.
  6. Reconocer capacidades y límites: saber identificar qué tareas son acordes a nuestros capacidades, conocimientos y experiencia; y cuáles se escapan de lo que en este momento sabemos o somos capaces de hacer. Con el tiempo todo se puede aprender pero debemos ser conscientes de tener la disponibilidad y energía para ese aprendizaje.

En resumen, la actividad voluntaria debe basarse en la honestidad tanto con la actividad que vamos a realizar como con nosotras/os mismas/os. Sólo de esta manera será posible mantener tanto las expectativas y la energía para su desarrollo.


Nuria Bermúdez

Licenciada en Periodismo y Máster de Cooperación Internacional. Experiencia en gestión de proyectos sociales y de voluntariado a nivel nacional e internacional dentro de eventos deportivos (BCN2013 y WBC2014) y de ámbito social. Actualmente es Técnica de Proyectos de la FGPS y lleva la gestión de los cursos online de la entidad.
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