César Valencia Rodríguez. Director de la Fundación Gestión y Participación Social

“Mis voluntarios no me duran nada”

¿Te has sorprendido alguna vez pensando que los buenos voluntarios eran los de antes? Igual te lo tienes que hacer mirar… La gente de antes era como era entonces la gente y la gente de ahora es la gente de ahora. Seguramente diferentes. También nosotros hemos cambiado, ¿no? ¿Hay malos voluntarios ahora –“mala madera”–, de verdad, o hay entidades que no se merecen a las personas que viven en ellas su voluntariado?

Mientras en una entidad se experimenta una rotación de personas que parece excesiva, en la de al lado se cuenta con un voluntariado vigoroso, implicado, que permanece (envejece, incluso)en la asociación y que atrae a más y más gente, cada vez más joven. No, no es un tema de “calidad” de las personas voluntarias. Si acaso, será un tema de calidad del sistema en el que se insertan. Sí, de tu entidad.

La idea de partida es que hay cuestiones de funcionamiento en las entidades que inciden en la calidad del voluntariado que atraen y en la mayor o menor duración de la relación de las personas con la entidad. No solamente cuestiones de funcionamiento específicas de la gestión del voluntariado (modo de búsqueda de nuevos voluntarios, proceso deintegración, términos del acuerdo entre voluntario y entidad, existencia o node una formación inicial y permanente, cómo está establecido el contacto entre voluntario y asociación, naturaleza concreta de las tareas que se le encomiendan, apoyos que se le brindan y control de la calidad de su trabajo…),sino aspectos más generales de cómo está siendo gestionada la entidad.

Para sustentar esta afirmación, realizaré un breve repaso a tres elementos primordiales en una entidad de este tipo: las personas, la misión y la organización (entendida aquí como la estructura y el conjunto de procedimientos de actuación), para después proponer algunas consecuencias.

Misión, organización, personas.

La misión da sentido al resto de elementos. Involucrarse en la actividad de una asociación puede ser participar de los beneficios de una red social institucionalizada (organizada), pero sobre todo debería ser creer en la misión, en los fines de la entidad.

El aspecto organización —la estructura, el proyecto, el liderazgo, los procedimientos de actuación, incluida la evaluación de resultados— posee unvínculo más claro de lo que parece a primera vista con el concepto de eficacia. Nos organizamos para intentar ser más eficaces, y eso es especialmente importante si creemos en la misión, si queremos acercarnos a la consecución de unos fines.

En una entidad no lucrativa, la eficacia –como también la eficiencia– es un imperativo, en cuanto que no podemos escoger entre alcanzar o no alcanzar los fines. No estamos orientados a unos resultados económicos, pero sí lo estamos a unos resultados de tipo cualitativo, generalmente relacionados más o menos directamente con la calidad de vida de las personas, y no nos podemos permitir ser ineficientes.

Se podría añadir que en el Tercer Sector hay grandes expertos en eficiencia, porque — aunque es una especie de verdad universal que los recursos son limitados en casi cualquier empresa humana— en nuestro sector sería más exacto calificarlos de precarios. Y, sin embargo, con esos recursos precarios pretendemos—y en ocasiones realizamos— grandes cosas.

El mundo asociativo es tan vasto y tan plural que parece que siempre se puede hacer una afirmación y la contraria.En este caso, al tiempo que se puede afirmar que es eficiente (atendiendo a la limitación de recursos con que cuenta), se puede también afirmar que hay muchos casos de ineficiencia manifiesta.

Lo que antecede es una visión optimista, valorando lo mucho que se realiza con recursos materiales a menudo escasos y con recursos humanos a veces no suficientemente formados o profesionales (en el sentido de poseedores de aptitudes, capacidades y conocimientos adecuados a la labor), pero hablar de mejoramiento lleva implícito reconocer las deficiencias actuales.

Situado el contexto —la misión es primordial, la eficiencia es necesaria— deberíamos hablar de los recursos humanos. En concreto, de los voluntarios. Hacerse voluntario (o voluntaria, no complicaré esto desglosando géneros donde no hay ninguna diferencia) en una organización no lucrativa es creer en la misión, involucrarse en una actividad porque se coincide con la entidad respecto al diagnóstico de la situación y respecto a los fines y los medios a poner en juego para alcanzarlos. Permanecer voluntario es seguir creyendo en la misión y en la forma deponerla en práctica, en la eficiencia de la entidad. Esto tiene también quever con la organización (o desorganización) peculiar de esa entidad.

Los recursos materiales son, supongo que por su propia naturaleza, escasos. Es importante, por tanto, organizarlos inteligentemente, dado que hay que exprimirlos.En cuanto a los recursos humanos, es poco inteligente no contar con la participación de los voluntarios y de los destinatarios. Es un lugar común mencionar que la riqueza fundamental delas asociaciones reside en sus recursos humanos. Sin embargo, demasiado a menudo una gestión deficiente desaprovecha ese potencial.

Sucede en ocasiones que, por un planteamiento inapropiado o una elección discutible de las prioridades, no se dedica el tiempo necesario a generar espacios de participación real e implicación de las personas voluntarias. Las asociaciones que inician una dinámica de profesionalización realizando sus primeros contratos laborales conocen también las situaciones llenas de matices que se producen con la confluencia de contratados y voluntarios en el mismo proyecto. ¿”Matices”? Bueno, dejémonos de eufemismos: “conflictos”.  En ocasiones, la incorporación de una nueva fuerza de trabajo se traduce en una reducción de las atribuciones y de las tareas encomendadas a las personas voluntarias. En ocasiones, se sienten desplazadas o innecesarias.

No es solamente la coexistencia con personas contratadas. Hay asociaciones de dimensiones muy reducidas que, a priori, si nos fijamos exclusivamente en sus recursos materiales, diríamos que tienen una capacidad muy limitada para incidir en la realidad y que, no obstante, cuentan con una adhesión sólida y duradera de sus socios y voluntarios.Con el crecimiento, en algunos casos se produce un efecto paradójico: el aumento del número de personas voluntarias (un éxito de la credibilidad y el buen hacer de la entidad) se traduce en una menor implicación y en desmotivación de algunas. Porque la necesidad que existe de implicación de un voluntario—si éste la percibe— afecta a su decisión de hasta dónde se implica.Es un poco más difícil irse si parece que con eso se desmoronará todo.

El reto para las entidades pequeñas y para las grandes, pero muy especialmente para estas últimas, es estar a la altura de las personas con las que cuentan, conseguir darles paulatinamente responsabilidad suficiente, mantener el carácter participativo de la organización.

Nadie necesita un voluntariado que simplemente esté, ni un voluntario que tenga una actitud de pasiva obediencia dócil.

Algunas consecuencias:

-La preeminencia de la misión, laimportancia de perfilarla bien, de ser una organización focalizada en ella, de reflexionar acerca de la misión y actualizarla para extraer consecuencias, para adaptarla a una realidad cambiante por naturaleza, para seguir el ritmo de la historia, porque si no la historia —el cambio— nos arrollará.

La importancia de ser eficientes (gestionar bien). En actividades de contenido social que se viven con cierto componente de conflicto o en las que los avances sólo se perciben a largo plazo, es relativamente habitual que los voluntarios, tras un breve período de entusiasmo inicial, formulen la pregunta “¿esto que hacemos sirve realmente para algo?”

Es importante que lo que se hace sea eficaz y que integre lo mejor del conocimiento actual sobre el tema de quese trate. Es importante también que la organización sea eficiente, no disfuncional. ¿Quién se apunta a gastar su tiempo libre en una entidad que internamente sufre una guerra civil, o en la que las cosas funcionan de milagro, a base de buena voluntad, pero en cualquier momento podrían derrumbarse?

Los procedimientos que se generan en la organización para dar respuesta a las necesidades de gestión de los proyectos son importantes. Por otro lado, para situar las cosas en su justo medio, ¿quién se apuntaría a una entidad social que, de pura burocracia, parece un ministerio?

– La importancia de la salud asociativa. Es decir, de una participación sana, de la capacidad para encauzar las situaciones en que hay diferencias de opinión, de criterios, de visión —en teoría al menos, una riqueza para la organización— sin que degeneren en conflictos serios. También es un requisito para la salud asociativa el respeto a las normas internas, porque una asociación no es un grupo informal y la informalidad en muchas asociaciones desemboca en situaciones críticas. Hay ciertas cuestiones formales insoslayables: funcionar con transparencia y rigor en lo que se refiere a asamblea, junta directiva, libro de socios, actas,contabilidad.  Cumplimiento de las reglas de juego

– También ser “buenos ciudadanos”,en el sentido de que la credibilidad de una organización se resiente si soslaya sus obligaciones legales. Si pensamos que la normativa debería tratarnos mejor,luchemos activamente por influir en ella, pero hacerlo desde fuera del sistema crea dudas sobre cuál será nuestro comportamiento futuro aunque se obtengan las mejoras. Aquí, en lo concreto, ser “buenos ciudadanos” pasa por el cumplimiento de obligaciones fiscales, trato responsable a los contratados y voluntarios,legalización de libros, depósito de cuentas, contratación de seguros obligatorios, protección de los derechos de los beneficiarios y de las personas de la asociación –socias, voluntarias, contratadas–…

Lo pequeño es hermoso …pero frágil.

A las entidades de cierto tamaño seles presupone capacidad para convertirse en entidades más eficientes, mejor gestionadas, con una actuación de más calidad, capacidad para renovarse, para conocer y cumplir las obligaciones legales a las que están sujetas. Por lo que la experiencia nos permite afirmar, existe una miríada de entidades pequeñas cuyos responsables no creen en su capacidad para realizar todo eso. Cuando se está relativamente lejos de funcionar correctamente el cambio necesario parece exigir un esfuerzo inmenso.

¿Están condenadas estas entidades a desaparecer o continuar su existencia en un limbo legal y fiscal, dado el escaso control que existe sobre su funcionamiento?

Por paradógico que pueda parecer,las asociaciones de esas características representan un vivero impresionante de voluntariado. Suman un contingente enorme de personas voluntarias generalmente muy implicadas, porque la dimensión reducida de la organización, con la horizontalidad que suele llevar aparejada, a menudo favorece la existencia de voluntarios muy entregados a su labor e implicados en la entidad. Son ricas en capital humano y social.

Sin embargo, son unas entidades que están en precario desde el punto de vista de la gestión. Y paulatinamente más en precario, porque la exigencia social (y legal) hacia las ONGs crece. La sociedad, al tiempo que aumenta sus exigencias de transparencia y responsabilidad a las empresas lo hace también respecto al resto de organizaciones. Puede a primera vista parecer que la expresión “responsabilidad social de las asociaciones” contiene una redundancia, pero esto sólo es así si presuponemos que solamente por el hecho de tener base social ya se es responsable. Y sabemos que no es así.

Recapitulemos un poco. El nivel de organización de la entidad en la que se presta un voluntariado es relevante. Loes porque las entidades no lucrativas estamos éticamente obligadas a la eficiencia,en especial si nuestros fines tienen componentes de carácter ético. Y porque son el entorno en el que la persona voluntaria lleva a cabo su tarea y, por tanto, entra en su valoración de si merece la pena continuar el esfuerzo. Una entidad mal gestionada seguramente desarrollará peor su tarea, consumirá recursos que podrían ser aprovechados en otra actividad y acumulará más riesgos y más incertidumbres acerca de su capacidad futura.

Dar la vuelta a las cosas suele parecer imposible sin una aportación importante de recursos nuevos. En el terreno práctico, dada la precariedad de recursos, una mejora generalizada en la gestión de una entidad pasa por decisiones difíciles y a veces dolorosas.Obliga a priorizar. Obliga a alejarse temporalmente del día a día, analizar las cosas, trazar estrategias.Obliga a asumir que, dado que a nadie le ha sido dado hacerlo absolutamente todo, habrá que tomar la decisión de temporalmente no realizar algunas acciones que se venían haciendo o que se piensa que es imperativo no dejar pasar.

Creo que se podría condensar en una frase poco científica pero expresiva: actuar inteligentemente. Actuar más inteligentemente, es decir, poniendo en juego una dosis mayor de inteligencia,de reflexión, de análisis, de conocimiento, de diseño de estrategias y tácticas. Hemos partido de que la organización es importante y estamos desembocando en que el liderazgo es importante.

Hemos hablado de aspectos contenidos en un concepto amplio de la gestión de una entidad no lucrativa.Hemos hablado de repensar la misión, de mejorar la utilización de los recursos,de dar (más) participación, de redefinir las prioridades (lo importante y lo urgente no siempre coinciden), de respetar procedimientos formales que ayudan a mantener la salud asociativa.

Desde nuestro punto de vista no se está haciendo un esfuerzo suficiente para acercar información, formación y asesoramiento a las personas que dirigen y en general a quienes participan en estas entidades, a pesar de que la supervivencia de muchas de ellas pasa por gestionar bien, mantener la credibilidad, ser eficientes, sostenibles y responsables, trabajar en red para optimizar recursos y desarrollar mejor el potencial de la organización…

Aparte de las iniciativas privadas que ofrecen esa información, formación y asesoramiento, las administraciones públicas, comprometidas con el fomento del fenómeno asociativo y del voluntariado, pueden hacer mucho más en este terreno.Para que tengamos organizaciones sólidas, generadoras de capital social, y nuestra sociedad dé curso y optimice el impresionante potencial que representan sus voluntarios. De nuevo, desembocamos en el liderazgo.