Esta es una de las preguntas más comunes y difíciles de responder para quienes no conozcan los programas de voluntariado europeo: durante 20 años Servicio Voluntario Europeo y, a partir de ahora Cuerpo Europeo de Solidaridad (CES).

Este desconocimiento provoca situaciones de en las que los derechos y obligaciones de las personas voluntarias participantes no queden claro, y la barrera entre voluntario y trabajador se cruce fácilmente.  

Para empezar podríamos enumerar lo que ES y lo que NO es un Voluntariado (en el contexto de los programas Europeos de voluntariado)

Como su nombre indica hablamos de un voluntariado, por lo que la persona que participa hace una actividad en beneficio de la comunidad. Las temáticas son diversas y van desde la animación en tiempo libre infantil a la enseñanza de idiomas, o de otras relacionadas con el ecologismo, la restauración de inmuebles o la ayuda a personas dependientes. En definitiva, un abanico muy amplio de posibilidades.

Lo que NO es, a diferencia del voluntariado local, es una actividad que se hace o no se hace dependiendo del tiempo de la persona. El o la voluntaria desarrolla su labor en un número de horas determinada, que va de un mínimo de 25 a un máximo de 38 horas a la semana –incluyendo la formación lingüística- Esto significa que lo principal realizar actividades en la organización en lo en otras. Es más, se conocen casos de jóvenes que han venido a desarrollar un proyecto que resultaba inexistente a su llegada. Tanto la falta de actividad como la sobrecarga son preocupantes.

Por esto, aunque en teoría el voluntario europeo tenga un horario de actividad prefijado, hay que dejar claro que NO es empleado de la organización. Esto significa que ni puede sustituir a un contratado ni su no presencia puede significar un problema para la actividad diaria de la estructura. El o la voluntaria siempre tiene que ir en compañía de una persona de su organización a la hora de realizar sus actividades (como por ejemplo podría ser un taller de idiomas para niños)

Es verdad que no cotiza ni tampoco tributa por su actividad, pero tampoco es un becario. El programa surge como una forma de dar oportunidades de movilidad a jóvenes con menos oportunidades y así reforzar el europeísmo. Es cierto que hoy en día la enseñanza superior está extendida por lo que los motivos de los jóvenes para hacer un programa de movilidad europeo van desde tener una experiencia en el extranjero, como aprender un idioma o especializarse de alguna forma en su campo de titulación. Sea cual sea la razón, hay que tener claro que los proyectos de voluntariado europeo no te van a formar profesionalmente para un puesto de trabajo. Estos son más una experiencia vital ya que se encuadran dentro del ámbito social. Si lo que buscas son prácticas acordes a tu formación, puedes optar por una beca del Programa de Movilidad en Formación Profesional dentro de Erasmus+ y que sustituyen a las antiguas becas Leonardo Da Vinci.

Al hablar de las becas de movilidad hay que destacar, por encima de todas, las becas Erasmus que facilitan a jóvenes universitarios la oportunidad de estudiar en una Universidad europea por un periodo de tiempo. Las becas Erasmus para estudiantes universitarios son tan famosas que a veces se confunden unos programas con otros.

Por un lado, el voluntario no es un trabajador pero tampoco es estudiante. La formación lingüística es fundamental para su adaptación a la comunidad, pero las asociaciones no están obligadas a ofrecer una formación reglada. Sí que es cierto que si el o la joven necesitan clases, se les debe proporcionar fórmulas alternativas para su formación: clases por medio de voluntarios, intercambios, el uso de la plataforma lingüística… Muchas asociaciones posibilitan que sus voluntarios/as hagan cursos de idiomas que deben estar dentro de la jornada laboral. Aparte de esto, el participante puede formarse en otras materias ya sean curriculares o de otras materias, no sólo idiomas. Ya depende de los medios de la organización de acogida y los del propio voluntario/a.

Esto hace que haya una diferencia sustancial entre un voluntario europeo y una persona en beca Erasmus. Normalmente quienes realizan un voluntariado son personas comprometidas con el proyecto y cuya motivación principal es ser útil en su organización.

Además, al estar en contacto con la comunidad local, hace que el voluntario refuerce su conocimiento del idioma y se involucre mejor en la vida diaria de su entorno. En todos los países existen redes para que participantes de distintas zonas de un mismo país se conozcan, por lo que refuerza la esencia del programa.

Por último, cabe destacar que los programas de voluntariado han ido aumentando la edad límite de los y las participantes, llegando a los 30 años en muchos casos. Si es cierto que quienes participan son gente joven, es fácil encontrar participantes españoles o italianos que rozan el límite. Esto consigue darle un toque de madurez al programa ya que muchos de estos jóvenes lo hacen como otra forma de “formación” y la seriedad y compromiso con el proyecto que realizan refuerzan la calidad en las organizaciones de acogida.